por Nancy Roldan

En estas fechas, entre el final de un año y el inicio de otro... la comunidad esta movilizada con los festejos de navidad, año nuevo y reyes. En las calles me encuentro con una masa contenta con la idea de festejar. De que cerrar un año es cerrar un ciclo, y un nuevo año es "otra oportunidad", (como si no diese lo mismo pintar la casa, hacer limpieza general y empezar la dieta cualquier otro día). Me es inevitable preguntar: ¿por qué toda esta gente en las calles, comprando frenéticamente?, ¿Por qué desempolvamos una vez mas, en casa, el pino de plástico titilante?. Como madre de dos niños pequeños, pienso y repienso cada cosa que les voy a transmitir, sabiendo que si bien los estoy ayudando a ser parte de la cultura, también tengo que ser coherente, (en particular en estos festejos, que marcan infancias). ¿Alguna vez nos detenemos a pensar, lo que le estamos transmitiendo a nuestros niños en estas fechas?. Como personaje principal en navidad: "papá noel", no Jesús, que es el del cumpleaños... Hacemos aparecer en pleno verano a un "santa" muy abrigado (que le trae regalos "solo a los niños buenos", ¿o a los niños cuyos padres pueden pagarlos?, ¿cómo era?) El pesebre es opcional, pero el arbolito no puede faltar, sino... ¿dónde pondríamos los regalos?. Hombres de túnicas extrañas, que ni son reyes, ni son magos, entran a casa por la noche con sus camellos a dejar regalos nuevamente, pero esta vez, ¿por qué?. Hoy pongo como ejemplo "las fiestas", pero hablo de la vida en general, de darnos cuenta de qué es lo que estamos REtransmitiendo, de detenernos a pensar si estamos realmente de acuerdo con eso que hacemos; del por qué y el para qué. Yo opté por contarle a mi nena mas grande que en esta parte del mundo en la que nos tocó vivir, la mayor parte de la gente cree en Jesús. Y que lo que se festeja esa noche, es que haya existido alguien tan bueno, (de paso le aclaro que Jesús es alguien en quien las personas ELIGEN creer). Me pareció un discurso sencillo y claro. Entonces ya, sin culpa, desenpolvamos el absurdo pino de plástico, vamos al mercado a conseguir confites y turrones, (como si planeásemos un festejo en pleno invierno), y nos unimos felices a estas fiestas, que a decir verdad, no son mucho mas absurdas que todo lo otro a lo que también le ponemos el cuerpo

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