Realizarán un "tetazo" en el obelisco como protesta tras el despliegue policial en la playa de Necochea.

Por Mariano Solari

Necochea, Buenos Aires. Tarde de playa. Tres pares de tetas al aire. 20 policías armados. Gente que se queja. Un supuesto exhibicionismo. Un juez que desestima la acusación. Tetazo en distintos puntos del país como señal de protesta. Chotazo como contraprotesta. Algunos lo toman en chiste, otros muy en serio. ¿Es lo mismo mostrar un par de pechos femeninos que unos genitales masculinos? ¿Son biológica y simbólicamente semejantes? Respuesta prematura para los ansiosos: No.

“Buscan llamar la atención de los tipos” dijo uno por ahí, como si el mundo girara en torno a ser visible (o invisible) para la platea masculina. Y un poco de razón tiene: el mundo gira en torno a los hombres. ¿Es algo natural? Por supuesto que no. El ser humano es un ser social, su comportamiento está mediado por un montón de relaciones que exceden a la biología. Decir que existe una tendencia hacia el machismo en nuestra sociedad no es un capricho, venimos de una tradición cristiana que enseña que la mujer debe estar bajo el ala de un hombre para cumplir con los mandatos sagrados (sólo por nombrar un ejemplo de dominación entre tantos). Y esto ha calado hondo en nuestra cultura, al punto de naturalizarlo e invisibilizarlo. Sin embargo, el Tetazo sí es una llamada de atención. Pero no para los tipos, sino para lo sociedad.

Más allá del hecho de mostrar una parte del cuerpo que es tabú a veces y mercadería otras, lo que se busca visibilizar es la desigualdad que rodea el trato de los cuerpos. Vivimos en una sociedad ambigua que por un lado festeja los topless y por el otro los lapida. Por un lado rechaza la cosificación de la mujer, pero cuando la mujer se manifiesta abiertamente contra esa cosificación, es desacreditada porque “hay temas más importantes que resolver en nuestro país”.

¿A quién le pertenecen los cuerpos?

“Si tocás una teta, vas en cana. Ahora, si tocás a un tipo no pasa nada” dijo otro. Partamos de la base en que tocar a otra persona sin su permiso es una ofensa. Con esa premisa no quedaría mucha tela para cortar, pero lo cierto es que el pecho femenino tiene un componente adicional: la sexualización de las glándulas mamarias. Así como a los varones nos enseñan a no exhibir nuestra genitalidad, la misma restricción va para las niñas. Pero además de eso, a las mujeres se les enseña a esconder sus pezones del resto de las personas. Es que todo lo relativo al desarrollo de la sexualidad sigue siendo un tema que se esconde a gritos en Argentina. Alrededor de esas glándulas hay una infinita cantidad de simbologías y construcciones de sentido que siempre apuntan para el mismo lado: a pesar de que su función sea la alimentación de los recién nacidos, culturalmente cumplen otras funciones. Y como toda producción cultural, puede ser resignificada. No obstante, hoy la teta es símbolo de deseo y placer masculino, con lo cual es doblemente ofensivo el manoseo del cuerpo sin el consentimiento de su dueña. Quizás las mujeres se cansaron de que sus cuerpos sean vistos como objetos sexuales para divertimento ajeno. Quizás ellas quieran resignificar sus cuerpos para que se adapten a cómo quieren ser vistas en nuestra sociedad y no como los hombres quieren verlas.

Paralelismos entre penes y pechos

“Si ellas pueden mostrar las tetas, yo puedo mostrar la pija” comentó un pibe en Facebook. Asumir que es lo mismo mostrar los genitales que los pechos incurre en un doble error. Desde un punto de vista biologicista (óptica preferida por quienes rechazan la idea de igualdad de género), las funciones de estas dos partes de los cuerpos son diametralmente distintas. Mientras una sirve para transmitir material genético, la otra funciona como productora de alimento para el niño. Es decir, que los pechos no tienen una utilidad sexual a priori. Desde una visión culturalista, la exhibición del pene está asociada al acoso —basta con ver la cantidad de noticias que circulan sobre hombres masturbándose frente a mujeres en transportes públicos—, pero exhibir un par de senos no tiene mayor trascendencia más que una provocación (el infame “está buscando que la violen”). Lo que buscan estas mujeres no es incitar a la violación. Su objetivo es generar un cambio de conciencia, encender la alarma entre nosotros, que entendamos que aunque no las veamos a simple vista, las desigualdades existen.

El tema de la cola Reef

Hace algunas semanas, algunas agrupaciones de mujeres hicieron un escrache al tradicional concurso playero que año tras año corona a una chica basándose en sus atributos físicos. En los últimos días circuló en las redes una ola de críticas respecto a este tema y la supuesta contradicción que existe entre proclamarse en contra de un certamen que festeja la exhibición y aplaudir la exhibición de unos pechos en una playa pública. A simple vista, pareciera que realmente existe tal contradicción, sin embargo quienes se apoyan en esta teoría para arremeter contra el feminismo dejan de lado un elemento vital para entender la lógica de estos accionares: la lucha contra la cosificación. Mientras que la cola Reef fomenta la idea de mostrar al cuerpo de la mujer como un objeto de consumo, el Tetazo, por el contrario, busca desligar esa imagen mercantilizante de la figura femenina.

El motor de todo esto es generar una nueva identidad. Que las mismas mujeres construyan sus propios modelos ideales. Las sociedades cambian y los roles de sus actores también. Hoy es una manifestación por el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Mañana será una marcha por los derechos de los pueblos originarios. Otro día, por la falta de recursos en las provincias del norte. Más adelante nos movilizaremos para pedir justicia por los crímenes de lesa humanidad. Y así, de a poco, construiremos una comunidad más justa y equitativa para todos.

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